Un dilema acontece en la ciudad de Padua: el de encontrar un marido para Catalina, pues mientras la hija mayor de Bautista no se case, la menor, Blanca, no podrá desposarse con ninguno de sus pretendientes.
La llegada de Petrucho a la ciudad es la salvación para Hortensio y para Gremio pues, como un domador ante la fiera, hallará la forma de controlar el carácter de Catalina, y así Hortensio y Gremio podrán continuar entre ellos su rivalidad por el amor de la dulce Blanca.
Si la llegada de Petrucho fue su salvación, la entrada de Lucencio será su condena. Haciéndose pasar por su criado Tranio entrará como maestro de latín de Blanca, convirtiéndose con ello en el mejor contrincante de los pretendientes. Así, con su juego de engaños, Lucencio y Blanca lograrán hacer prevalecer su amor.
Blanca, que se nos presenta en un principio como una mujer dulce e inocente, se nos descubre más tarde desdeñosa con sus pretendientes al entregarse a Lucencio sin reparo alguno. Catalina, mujer de carácter rebelde que no se deja influir por las convenciones sociales, se muestra finalmente esposa amante ante Petrucho, a pesar del patriarcalismo que someten a la mujer de su época, mostrándose a los ojos de los demás personajes como una mujer brava.
Es así como Shakespeare, entre el refinamiento de la comedia isabelina y el juego barroco –lindero con lo grotesto–, consigue entroncar con el folclore de la tradición medieval con su dicotomía entre el loco amor de Blanca y el buen amor de Catalina.
En el año 1952, el mismo de la creación del Cercle, un grupo de socios iniciaron una nueva sección de carácter cultural para representar obras de teatro que se bautizó con el nombre de Santiago Rusiñol. A pesar de la falta de recursos, se comenzaron a representar algunas obras -tanto en catalán como en castellano- cuya calidad fue avalada por el gran éxito de público.
Al pasar el Cercle al local de Marqués de Riscal el grupo dispuso de un magnífico salón de actos donde seguir las representaciones, que fueron objeto de numerosos premios y distinciones. Entre ellos destaca por su importancia el privilegio de ser escogidos para representar en el Círculo de Bellas Artes la obra La guerra del hombre, que consiguió una excelente crítica y repercusión en los medios de comunicación.
El grupo de teatro Santiago Rusiñol es una de las secciones del Cercle que, desde su creación, se ha propuesto fomentar y dar a conocer la cultura catalana por medio del teatro. Además, en los montajes que se realizan en esta lengua, se facilita la participación de sus estudiantes como complemento académico.
Ya sea en versión original o traducida al castellano, en esta última etapa se han representado obras de Dagoll Dagom, Pere Calders, Sergi Belbel, J. M. Benet i Jornet, Lluïsa Cunillé, J. M. de Sagarra, Joan Oliver, etc. El grupo dedica también una actividad regular al teatro infantil.
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Van encaminadas en este montaje a enfatizar el divertimento de la pieza shakespeareana: su tradición y su comicidad verbal, el gusto por el enredo en que se insertan personajes de gran profundidad. Es por ello que se prima desde la dirección el trabajo del personaje, pues todas las creaciones del bardo inmortal son susceptibles de un análisis detenido en función de los diferentes niveles que constituyen la obra. Ninguno de sus caracteres, por superfluo que pueda parecer, es tal; ni siquiera los personajes más cómicos o los que tradicionalmente han presentado una faceta más farsesca a lo largo de las numerosísimas puestas en escena de esta joya de fines del siglo XVI son despreciables desde este punto de vista.
A ello se une un trabajo físico con el actor que ayuda a conformar una estética y un modo de hacer que entronca con la Commedia dell’Arte italiana, aspecto que corre a cargo de Francesco Carril.(ayudante de dirección), que deja un fuerte poso temático y formal en la que es, posiblemente, una de las mejores comedias del que es, posiblemente, el mayor de todos los dramaturgos.